
Víspera de festivo. Compartimos autopista con los veraneantes pero nosotros vamos a trabajar a un pueblo serrano.
Llegamos a las 5 de la tarde en un día de aplastante calor. Las calles están desiertas pese a ser la primera jornada de fiestas patronales. Los carteles indican la dirección al ayuntamiento por calles con placa de prohibido el paso. Juegan al escondite. Para cruzar los pasos de cebra hay que saltarlos, a la misma altura del bordillo.
Buscamos sin éxito la plaza donde montar el escenario y antes de darnos cuenta estamos otra vez fuera del pueblo. Retrocedemos, pero no hay humanos. Al menos, no como los esperados.
De una puerta sale una voluminosa figura, jersey de lana y pantalón de chandal cerca de los 40. Grados y años.
Bajo la ventanilla y le pregunto por la plaza del pueblo. Desvía su trayectoria y se dirige hacia nosoros diciendo:
"Yo no lo sé, yo no lo sé"Parece hembra. No espero a comprobarlo. Subo la ventanilla y acelero...